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No es un adiós

Parece mentira cómo ha corrido la noticia, y eso que todavía no lo habíamos anunciado. Cerramos la tienda de Marià Aguiló 59.

Pero solo la tienda física. Masala Barcelona sigue funcionando.

¿Adónde?

A MASALABCN.COM. Seguiremos vendiendo por internet, como venimos haciendo estos últimos meses. Es seguro, rápido y más sencillo de lo que parece. Además, facilitaremos al máximo las cosas a la gente del barrio para agradecer haber confiado en nosotros estos tres años.

Entonces, ¿cómo compro?

A través de la tienda online o a través del chat de la aplicación móvil Manzaning (este último se puede usar para pedir mezclas personalizadas). Para el pago, con una tarjeta bancaria es suficiente.

¿Y la entrega?

Pues podemos mandároslo a casa o bien podéis pasar a recogerlo en La Retrobada ¡y así de paso conocéis esta fantástica librería!

¿Y si soy del Poblenou?

Si sois del barrio y compráis online próximamente tendréis reparto gratuito y podréis pagar el pedido en el momento de la entrega. Además, podréis comprar algunos de nuestros productos en el restaurante El Quinto. Os mantendremos informados.

¡Un abrazo!

Jose, Anna y Mérida

patatas bravas

Unas patatas bravas bien especiadas

En verano (y en invierno) unas patatas bravas son el acompañamiento perfecto a la hora del vermut. Si eres un fan incondicional del plato tienes dos opciones: hacer el peregrinaje de turno de terraza en terraza en busca de las mejores o hacértelas a tu gusto en casa. Si sois de estos últimos es probable que ya tengáis una receta de patatas bravas de cabecera, pero por si acaso aquí compartimos la nuestras. Por supuesto viene con extra de especias, así que no os asustéis con la lista. Se pueden preparar más o menos con lo que tengáis en la despensa: el secreto está en cocinar tranquilamente la salsa de manera que quede bien caramelizada y espesa:

1 patata por persona (tipo Kennebec)
1 o 2 tomates por persona
1 falange de jengibre fresco (*)
chaat masala (o en su defecto comino, sal negra y asafétida)
un par de chilis secos tipo “piri-piri” o “cayenas” (*)
hierbas (orégano, ajedrea, tomillo…)
una pizca de pimienta negra
aceite, sal, azúcar y vinagre

* (Eliminar si no queréis que pique.)

01) Se rallan los tomates. Se pelan las patatas, se trocean y se tiran a una sartén con un buen chorro de aceite y el fuego bajo-medio. Se tapa. De vez en cuando destapamos y les vamos dando la vuelta. Si vemos que se empiezan a dorar y todavía no están hechas por dentro, bajamos el fuego. Cuando ya estén cocinadas, las reservamos en el plato de servir.
02) Se pela y trocea el jengibre. Y en la misma sartén de antes echamos el jengibre y los chilis. Al cabo de un minuto añadimos el tomate rallado y poco a poco vamos incorporando la sal y las especias. Se deja que vaya reduciendo la salsa hasta que casi no quede agua. Entonces añadimos la pizca de azúcar y un chorrito de vinagre. Removemos durante un minuto más y lo servimos sobre las patatas.

Como alternativa para los más golosos y nostálgicos del bar El Porrón: probadlas con tiras de beicon frito por encima. ¡Ya nos diréis qué tal!

app poblenou

Las aplicaciones móviles y el comercio de barrio

Cada vez son más las aplicaciones móviles que buscan fomentar el comercio de barrio. Son aplicaciones que, al tendero, ofrecen visibilidad en las redes y en el mundo online y la apertura de nuevos canales de venta y, al cliente, tratan de acercarle productos difíciles de encontrar sin tener que renunciar a la tienda de barrio de toda la vida.

No os engañaremos. Nosotros somos los primeros que no estamos muy metidos en esto de las aplicaciones móviles. Por eso escuchamos cuando gente con ideas viene a explicarnos la suya. Desde hace unos meses estamos presentes en dos aplicaciones que han escogido Poblenou como barrio desde el que empezar a expandirse.

La primera de ellas se llama Evoluginos y se trata de un mercado virtual basado en la geolocalización. Es decir, los comercios suben sus productos, en nuestro caso té, especias y accesorios, y luego el cliente usa la aplicación para buscar un producto. Entonces y en función de donde se encuentra la aplicación le sugiere las tiendas que lo tienen y el precio. Luego el cliente puede optar por reservarlo, contactar la tienda mediante un chat, reseñarlo… La idea es que los clientes acaben convirtiéndose en prescriptores de sus productos y tiendas favoritos.

Actualmente la aplicación está en fase de pruebas y se puede descargar tanto para iOS como para Android. ¡Os animamos a que la probéis y les hagáis llegar vuestras impresiones!

La segunda aplicación en la que estamos y que ya lleva en marcha unos cuantos meses es Manzaning. Esta se basa en un concepto curioso: haces la compra habitual a través del móvil en las tiendas del barrio a las vas normalmente y Manzaning se encarga de agrupártelas y de enviártelas a casa. La aplicación está pensada sobre todo para clientes habituales que ya saben lo que quieren y para gente que no tiene tiempo para ir a hacer las compras por el barrio pero sin embargo no quieren tener que recurrir a las impersonales grandes superficies. La aplicación cuenta con un chat desde el que se gestionan los pedidos con los comercios y permite elegir el horario de entrega. El coste del envío son unos 3 euros.

Si os animáis a probarla, aprovechad que los gastos de envío son gratis para el primer pedido. Además van sacando ofertas regularmente, justo ahora tienen un descuento de 5 € con el código promocional FESBARRI5 ¡Es como si os invitasen a un té!

taza de cerámica

Tazas de cerámica de inspiración marinera

El ceramista Pau Costa atribuye al resplandor del Maresme y sus costas la inspiración para los acabados de colores mediterráneos de sus piezas. Aficionado a la cerámica desde los 14 años, enseguida empezó a dedicarse profesionalmente a este oficio que, como él mismo dice, implica una vida “dura y exigente pero reconfortante al mismo tiempo”. ¡Qué satisfacción debe de ser ver nacer una pieza desde la idea hasta que sale del horno! Y más todavía sabiendo que esa pieza hará feliz a alguien cuando, por ejemplo en el caso de sus tazas, este se prepare un té o una infusión, años después, quizá muy lejos de donde se concibió.

Al tratarse de cerámica utilitaria, el material que utiliza es gres cocido a alta temperatura (1300 °C), para conseguir piezas de gran resistencia. En el caso de las tazas, son hechas con moldes, con el asa hecha a mano y decoradas una a una con esmaltes. La paleta de colores siempre incluye el azul intenso del mar combinado con el blanco, el amarillo y el jade. ¿Las formas? ondas, arcos, círculos, rallas… donde se nota el trazo del artista al dibujarlas contra el barro. Piezas únicas todas ellas, con el valor del oficio y la sensibilidad de este autor.

Con respecto a las especificaciones técnicas, las tazas de cerámica vienen con una tapa y filtro del mismo material, miden 12 cm de alto y 8,5 de diámetro superior y pueden ir al lavavajillas y al microondas.

Si queréis conocer un poco más su historia y sus métodos y espacio de trabajo, echad un ojo a este vídeo. En su web encontraréis también información además de un catálogo de sus piezas.

massale

Massalé, un curry de la Isla de la Reunión

La historia fue así: entró un cliente con un marcado acento francés preguntando por “masale”. Como siempre que nos pedís “masala”, nuestra primera reacción es preguntar qué tipo de masala. Garam masala suele ser el más habitual. ¿O quizá tandoori masala? ¿Es para cocinar, para preparar un chai…? Pues bien, no nos aclarábamos, hasta que nos lo fue describiendo. Lleva muchos ingredientes, como un curry. Y es anaranjado. “¿Seguro que no es un curri?” Pero es que no es una mezcla de la India, a pesar del nombre, dijo. ¡Ah, vale! ¿Y de dónde es? Una consulta rápida en internet nos sacó de dudas: es una mezcla de especias, un curry, vamos, de la Isla de la Reunión.

Una vez preparado el encargo (resultó que disponíamos de todas las especias), la cosa no quedó así: ¡había que probarlo! Y así fue como nos interesamos por la cocina de esta isla del Océano Índico. Si buscamos su historia y localización, veremos que se halla en un lugar privilegiado para hacer de escala de la ruta de las especias que hacían los barcos europeos procedentes de la India. Si aquí sumamos el cultivo y exportación de café (y la subsecuente esclavitud vinculada a esta industria) entenderemos la gran mezcla de culturas que tuvo lugar en este pequeño trozo de tierra. Y su gastronomía es una buena muestra de ello.

Criolla por antonomasia, la cocina de la Isla de la Reunión bebe de muchas fuentes, y una de las principales son los currys indios. Las viandas y las proporciones de especias serán diferentes, pero el espíritu es el mismo: carne o pescado cocinado en una salsa a base de cebolla, ajo, tomate… donde se añade, en este caso, una mezcla ya preparada, el massalé (recordemos que en la India el curry en polvo no se usa sino que o bien se mezclan las especias justo antes de cocinar o bien se añaden una a una por separado). Estos platos se suelen acompañar de arroz y de salsas que recuerdan mucho a los chutneys.

¿Y qué decir sobre nuestro massalé? Pues lo hemos hecho muy suave, no lleva ni chili ni jengibre e incorpora en bastante cantidad especias como las semillas de fenogreco, la mostaza o la nuez moscada. Un masala bien especiado que ya hemos probado cocinando un pollo a la cazuela con unos resultados excelentes. ¡Próximamente, la receta!

vaso térmico

Aladdin, termos y cantimploras para la vida moderna

Afortunadamente cada vez estamos más concienciados de los efectos sobre nuestra salud de los materiales que nos rodean. Esto nos transforma en consumidores más responsables y exigentes, que nos informamos, que buscamos y rebuscamos hasta dar con la mejor opción, la que cumple con los máximos requisitos y garantías. Las empresas, conscientes de esta demanda, toman nota y poco a poco hacen evolucionar sus productos. Algunas hasta pueden presumir de ser pioneras en esta tendencia, haciendo gala de un envidiable historial de mejoras en el ámbito de la ética y la sostenibilidad.

Este es el caso de Aladdin, fabricante americano de recipientes térmicos, cantimploras y fiambreras con más de 100 años de experiencia, que se dice rápido. Su compromiso se basa en buscar siempre la manera de reducir la huella ecológica sea durante el proceso de fabricación o con la elección de los materiales. De hecho son creadores y propietarios de un tipo de plástico llamado eCycle® que es reciclado y reciclable, con el que fabrican su icónico vaso térmico. El resto de plásticos están también especialmente escogidos para su función y son seguros y libres de BPA. Además, este año han empezado a incorporar el cristal en alguno de sus productos.

Pero no hay que perder de vista que los productos, además de sostenibles, también deben ser atractivos y funcionales. Los termos, vasos térmicos y cantimploras de Aladdin tienen un diseño muy moderno y bien pensado, que llama la atención como nos la llamó a nosotros cuando los descubrimos. Desde el punto de vista funcional, son muy ligeros y no gotean, cosa indispensable cuando se trata de un objeto que tenemos intención de llevar arriba y abajo dentro de un bolso o mochila. También son fáciles de limpiar, una característica que a veces se olvida y que es importantísima. En este sentido, se pueden desmontar y meter en el lavavajillas sin problemas.

Pero ¿y la temperatura? ¿Cuánto tiempo mantienen calientes o frías las bebidas, los termos? ¿Y los vasos térmicos? Aquí debemos distinguir según el material y el grueso. Los que son de acero inoxidable grueso (cosa que permite hacer el vacío entre capa y capa) mantienen las bebida 3 horas a la misma temperatura y hasta 4-5 horas totales*. En el caso de bebidas frías, el tiempo se multiplica por 6. En el caso de los vasos térmicos y los vasos infusores, de plástico y doble capa, estos mantienen la bebida 1 hora a la misma temperatura y unas 2-3 horas totales*. Escoger unos u otros dependerá de las necesidades de cada uno.

*Los tiempos pueden variar en función de cómo de lleno esté el recipiente y si lo abrimos y cuántas veces durante este tiempo.

achiote

Arroz con pollo y achiote al estilo de Ecuador

“¡Parece una paella!”, comentaron los comensales. Una paella, eso sí, un tanto especial, con el arroz frito en vez de cocido en la propia cazuela y donde el color rojizo no lo da el azafrán sino el achiote. Se trata de un plato típico de la zona de Ecuador, llamado simplemente “arroz con pollo” o “arroz refrito”. La curiosa especia protagonista, el achiote, es la semilla de la planta Bixa orellana, originaria de la América tropical: una semilla de sabor suave, ligeramente amargo y terroso, y con un altísimo poder colorante. A partir de esta semilla se prepara una pasta o bien un aceite aromatizado, el aceite de achiote, con el que hemos cocinado nuestro plato.

Para 4 personas:

unos cuantos trozos de pollo cocido sin los huesos (podemos aprovechar los del puchero)
arroz
una cebolla mediana
pimiento verde y rojo
una zanahoria
un puñado de guisantes
una cucharada de semillas de achiote
un puñado de aceitunas sin hueso (opcional)
un puñado de pasas (opcional)
pimienta negra (opcional)
aceite, sal

01) Pelamos y troceamos la zanahoria. La cocemos al vapor junto con los guisantes. Reservamos.
02) En un cazo pequeño calentamos dos dedos de aceite y echamos las semillas de achiote. Lo dejamos infusionar unos 10 minutos a fuego bajo, vigilando que no se quemen. Luego filtramos el aceite.
03) Cocemos el arroz. Reservamos.
04) Deshilachamos el pollo con la ayuda de dos tenedores. Reservamos.
05) Troceamos la cebolla, los pimientos y las aceitunas.
06) En una sartén calentamos el aceite de achiote y hacemos un sofrito con la cebolla y los pimientos. Añadimos sal, pimienta y las verduras cocidas, luego las aceitunas y las pasas y finalmente el pollo deshilachado. Removemos bien.
07) Al cabo de unos minutos echamos el arroz y lo sofreímos todo unos minutos más. A la hora de servir, podemos emplatarlo con un bol como si de un flan se tratara.

bizcocho de almendras

Bizcocho de almendras con naranja y romero

El invierno es tiempo de meriendas caseras al abrigo del frío. Una taza de té bien caliente, un batido de chocolate… y un bizcocho para acompañarlo. Nuestra propuesta de hoy es un bizcocho de almendras aromatizado con naranja y romero. Fácil de hacer, la base del bizcocho es harina de almendra y huevos, nada de harina de trigo. Es una adaptación de la receta núm. 358 del Corpus de Cocina Catalana, el “cóc d’ametlla”.

Para 6 – 8 personas:

4 huevos
200 g de harina de almendra
200 g de azúcar
medio sobre de levadura química (tipo Royal)
2 naranjas
romero
aceite

01) Unas horas antes hervimos las naranjas con piel junto con unas cuántas hojas de romero, una media hora, Hasta que estén blandas. Las dejamos enfriar fuera del agua.
02) Trituramos las naranjas hasta obtener una pasta.
03) En un bol mezclamos los huevos, el azúcar y la levadura. Poco a poco vamos añadiendo la harina de almendra y, más tarde, la pasta de naranja.
04) Untamos un molde con aceite y calentamos el horno a 180º. Echamos la masa al molde y enhornamos el bizcocho de almendra unos 40-45 minutos hasta que se ponga moreno por encima y el interior esté cocido.

peras al vino

Peras al vino

No habíamos comido nunca peras al vino y teníamos mucha curiosidad por este postre tradicional, tan tradicional que a veces da la impresión que ha pasado de moda: pocos restaurantes lo tienen en la carta hoy en día y a todo aquel a quién le preguntas le trae recuerdos antiguos, de la niñez y de comidas familiares en casa de la abuela. La receta la hemos rescatado del Corpus de Cocina Catalana. Hela aquí:

Para 4 personas:

8 peras (nosotros hemos usado las de la variedad Conference)
1 litro de vino tinto (vino del Priorat, a granel, es una muy buena opción)
150 g de azúcar
2 ramitas de canela
10 clavos de olor
la piel de una naranja
helado de vainilla o similar (opcional pero delicioso)

01) Pelamos las peras y las ponemos a hervir en una olla con el resto de ingredientes (¡excepto el helado, claro!). Tienen que hervir una media hora hasta que estén blandas. Las reservamos.
02) Dejamos reducir la salsa hasta la textura deseada. Hay que controlarla hacia el final, no vaya a ser que se nos queme el azúcar.
03) Apagamos el fuego, mezclamos las peras con la salsa y lo dejamos enfriar. Se sirven tibias o frías, solas o acompañadas de una bola de helado.

Las peras al vino se conservan sin problemas unos días en la nevera.

dal con remolacha

Garbanzos con hojas de remolacha

Este es un plato indio, concretamente unas dal (दाल – legumbres) hechas con chana dal (चना दाल – garbanzos partidos) i hojas de chukandar (चुकंदर – remolacha). Es muy rápido de cocinar sobre todo si se dispone de olla a presión, ya que las chana dal no hay que remojarlas previamente. Las hojas de remolacha le da un toque de color y un punto dulce que recuerda un plato bien nuestro, los garbanzos con espinacas. Combinado con arroz resulta un menú excelente, muy nutritivo, equilibrado y nada pesado.

Para 2 personas:

un puñado de hojas de remolacha
120 g de garbanzos partidos
media cucharadita de comino en grano
media cucharadita de mostaza en grano
media pulgada de jengibre fresco
una vaina de cardamomo negro
un clavo
unos pocos granos de pimienta negra
media cucharadita de cúrcuma
media cucharadita de comino molido
media cucharadita de cilantro molido
un chili rojo seco (o un cuarto de cucharadita de chili molido)
mango molido o zumo de limón (opcional)
sal, aceite

01) Lavamos las hojas de remolacha y las troceamos. Lavamos también los garbanzos.
02) Ponemos la olla a presión al fuego con un chorro de aceite. Echamos el comino y la mostaza en grano. Mientras en un mortero majamos el jengibre con el resto de las especias excepto el mango.
03) Sofreímos las especias hasta que quede una pasta. Añadimos la remolacha y la salteamos unos minutos.
04) Añadimos los garbanzos, sal y un par de vasos de agua, tapamos y lo dejamos cocer unos 15 minutos.
05) Destapamos y lo dejamos cocer hasta que nos guste la textura (o añadimos agua si se la ha bebido toda). Lo retocamos de sal y le añadimos mango molido o zumo de limón, al gusto.

En nuestro caso, como aproveché un poco de arroz hervido que tenía en la nevera, lo mezclé todo junto para que este se calentara. Normalmente se sirve por separado.