Anís, la medicina más dulce

El anís y el olor que desprenden sus pequeños frutos (que no semillas) no necesitan presentación. Incluso el más pintado lo ha probado alguna vez en algún plato o bebida. El responsable de tan reconocible aroma es el anetol, un compuesto fenólico que se halla también en el hinojo y que hace que a veces se confundan estas dos especias.

Pero volvamos al anís. Este se conoce desde la antigüedad; culturas como los egipcios o los romanos ya lo usaban conocedores de sus propiedades medicinales, ya fuese en la cocina, en infusión o simplemente masticando algunos granos después de comer (acción que, además, te deja un aliento de lo más agradable).

Hoy día, el anís es omnipresente en la repostería de muchas regiones, también la nuestra. Rosquillas, buñuelos, orejones, tortas y tartas… Su gusto dulce combina a la perfección con panes y pastas. El anís también se encuentra en el origen de muchos licores, como el ouzo griego, el pastis francés o la famosa absenta. Pero su uso no tiene por qué terminar aquí: otras culturas nos sugieren probarlo acompañando platos de patatas salteadas, carnes, pescado o marisco, salsa de tomate, algunos currys…

En infusión, el anís, junto con el hinojo, funciona como un remedio natural muy efectivo contra los gases y otras molestias digestivas.

Nombre técnico:
Pimpinella anisum

Catalán:
anís, matafaluga
Español:
anís, matalahúva
Francés:
anis
Inglés:
anise
hindi:
patli saunf

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