El té azul, llamado oolong o wulong en China, es un té semioxidado, esto es, a caballo entre el té verde y el té negro. Cada oolong es diferente dependiendo del proceso al que se ha sometido y su grado de oxidación, que puede variar notablemente, dando como resultado un amplio abanico de sabores y aromas. A grandes rasgos, el oolong se deja marchitar bajo el sol para luego oxidarse y enrollarse de las formas más diversas. Este proceso se repite varias veces, usando calor moderado para controlarlo. Es un proceso complejo que puede llegar a durar varios días y que explica el elevado precio de según qué variedades.

El origen del oolong lo encontramos en China, donde es uno de los tés más consumidos. Es particularmente conocida la ceremonia del té gong-fu, que se realiza con este tipo de té. También tienen mucho renombre las variedades oolong de Taiwán, antigua Formosa. En Occidente hasta hace pocos años el oolong estaba relegado a los círculos de aficionados, que eran los pocos que sabían apreciarlo. Pero poco a poco está dejando de ser el té de los entendidos para dar el salto al público general.

Y es que se trata de un té muy atractivo, de copa dorada y aromas que van desde sutiles notas florales y almizcladas hasta oolongs más tostados, amaderados y afrutados. Esta gran variedad de aromas se explica en parte por el tipo de hojas que se usan para su elaboración: las más viejas de la planta pero también las que tienen los aromas más concentrados. Además, a diferencia de los brotes tiernos estas acostumbran a contener menos cafeína, lo que convierte al oolong en una bebida indicada para tomar al atardecer.

Para preparar un buen oolong primero debemos fijarnos en la variedad: cuanto más oxidada sea, requerirá el agua más caliente, incluso llegando a los 95 grados. El tiempo, dependerá de nuestras preferencias personales y de las reinfusiones que planeamos hacer: a más reinfusiones, menos tiempo cada una. También debemos tener en mente que una vez desplegadas las hojas de oolong ocupan mucho y necesitarán más espacio que otros tés para liberar todo su sabor, con lo que una bola o infusor individual quizá no sea la mejor opción. El té oolong se toma solo, sin azúcar ni leche.

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