El té verde es un té apenas oxidado, una bebida que presenta unas cualidades más herbáceas y un color tanto de hoja como de infusión mucho más claro que el té negro, por ejemplo. Es el té por excelencia de países asiáticos como la China o Japón, y en los últimos años también ha ido ganando adeptos en Occidente. Es un té delicado, al igual que su proceso de elaboración, un té que debe prepararse correctamente para disfrutarlo plenamente.

Sobre su elaboración, esta se diferencia esencialmente de la del té negro en el hecho que poco tiempo después de la cosecha, las hojas se someten a altas temperaturas para detener el proceso de oxidación. Esto se consigue o tostándolas en una plancha, horno, etc. (tés chinos) o mediante vapor (tés japoneses). Las diferencias entre los tés resultantes son notables incluso en su color, aunque ambos mantienen un tono verdoso muy alejado de los tonos negros y marrones de otras variedades.

Después de detener la oxidación (un proceso que en inglés se conoce como “fixing” o “killing the green”, las hojas se enrollan y se secan, muchas veces en formas curiosas como las del té gunpowder o las perlas de té.

Hoji kukicha

Se trata de un tipo de hojicha o té tostado japonés hecho a partir de kukicha (té de tallos de sencha o bancha). En el caso de este té, los tallos se tuestan en una olla de porcelana sobre carbón; el resultado es un té que no parece té y que puede echar para atrás a alguno, pero que no os engañe su aspecto: a pesar de su fuerte aroma a tostado tiene un gusto extranyamente suave, con notas acarameladas que recuerdan al café o al chocolate. Además, el proceso de tostado ayuda a reducir todavía más la ya de por sí poca cafeína presente en este té, convirtiéndolo en un té perfecto para la tarde o noche o para que lo disfruten también los niños.

Como habréis adivinado, al hoji kukicha al ser un té especial no le podemos aplicar los parámetros clásicos de tiempo y temperatura que aplicaríamos a un té verde corriente. Para sacar todo el partido a este té lo mejor es usar agua en su punto de ebullición, y dejarlo reposar entre 1 y 2 minutos. Esto nos dará una primera infusión potente. Luego podremos reinfusionarlo, pero para ello deberemos alargar el tiempo hasta 4, 6 o incluso 8 minutos.