chocolate caliente

Oda al chocolate caliente

Ahora que no hacen más que llegar rumores sobre una inminente escasez de chocolate en las próximas décadas (se ve que la emergente clase media asiática está disparando su demanda), en casa no desaprovechamos ninguna ocasión para saborearlo en todas sus formas. En la alacena siempre hay una tableta para cuando a uno le hace falta un empujoncito emocional, por las mañanas la crema de chocolate nos alegra las tostadas y, domingo sí y domingo también hacemos churros con chocolate para desayunar, una costumbre que aquí se va perdiendo a medida que cierran las churrerías, pero que en buena parte de la península sigue bien viva.

Como buenos amantes del chocolate somos exigentes y, sobretodo en el caso del chocolate caliente, no nos vale cualquiera. Lo primero la textura: el chocolate caliente tiene que quedar espeso, untuoso pero líquido, no esa especie de leche manchada que resulta de según qué marcas. Tiene que ser chocolate en polvo para cocer, tradicional, como la de antes, pocos ingredientes y seleccionados, que el sabor es importante. También puede ser en formato tableta, lo que sería chocolate a la piedra pero ¡ojo!, pensada para tomar bebida, no de las de repostería. Las hay que hasta llevan especias incorporadas: bienvenidas sean.

Finalmente, la receta. Hay que seguir al pie de la letra las instrucciones del fabricante, con lo cual éstas tienen que ser fáciles de entender y tener las proporciones correctas: de eso depende nuestro éxito. A veces se obvian acciones básicas, como que el fuego tiene que ser bajo y que hay que estar removiendo todo el rato, no vale eso de ponerlo al fuego y desentenderse. Como veis, preparar chocolate caliente es un acto de amor. Pero la recompensa merece la pena.

Dicho esto, ¿qué chocolate recomendamos? Durante mucho tiempo fuimos saltando de una marca a otra hasta que, hace un par de años, yendo de excursión al Montsec, paramos en la fábrica de Chocolates Brescó en Benabarre (Huesca). De allí nos trajimos un chocolate a la piedra que nos enamoró nada más tomarlo en casa: un chocolate intenso, especiado, con el punto justo de dulzura y el encanto de la manera de hacer de antes, cuando el chocolate para beber se vendía en tabletas que se deshacían de onza en onza. Más adelante probamos también su chocolate en polvo para cocer (en la foto), también buenísimo, y desde entonces es nuestro chocolate de cabecera para cuando llega el domingo y vamos a buscar los churros.

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